Gara y Jonay
En la Gomera todo estaba dispuesto para celebrar las
fiestas del Beñesmén. Era costumbre por aquel entonces que las doncellas gomeras
se acercaran a los Chorros del Epina, siete fuentes con siete caños uno al lado
del otro que ofrecían augurio sobre la posibilidad de encontrar pareja. Las
doncellas juntaban el agua de los chorros y se miraban en ella al despuntar el
día. Si la imagen era clara, encontrarían pareja, si era turbia, tendrían alguna
desgracia.
Gara, princesa de Agulo, acudió con las demás doncellas a la fuente y cumplió
con el rito, y vió su imagen clara reflejada en el agua, pero al quedarse
demasiado tiempo contemplándose, el sol acabó por reflejarse en el agua y la
cegó. Preguntado el augur Gerián por el significado del hecho, éste respondió a
la princesa que huyera del fuego, o se vería consumida por él.
Como cada año, los nobles tinerfeños eran invitados a participar en las fiestas.
En esta ocasión acompañaba al Mencey de Adeje su hijo Jonay, que al participar
en las competiciones atrajo la atención de Gara. Pronto se llamaron mutuamente
la atención y cayeron enamorados, siendo anunciado su compromiso. Tan pronto
como esto se hizo público, el Teide comenzó a echar humo y lava, perfectamente
visible desde La Gomera. El padre de Gara contó el augurio al padre de Jonay, y
rápidamente se deshizo el enlace. La delegación tinerfeña regresó y el Teide
cesó de bramar.
Pero los enamorados no estaban dispuestos a respetar los designios de los
dioses. Jonay, una noche tranquila con luna, se echó al agua y cruzó nadando el
estrecho que separaba su isla de la de su amada. Se volvieron a encontrar y se
escaparon al centro de la Gomera, la zona más alta, desde donde pudieron
contemplar al Teide desaprobando su unión. Enterados de la fuga los padres de
ella, ordenaron su persecución, y los amantes fueron acorralados en la cima de
un monte. Para no ser vueltos a separar y como se suele hacer en estos casos,
los amantes se quitaron la vida, atravesándose el pecho con una vara de cedro en
un abrazo mortal.
Gara, princesa del agua, y Jonay, príncipe del fuego, dan hoy nombre a la cumbre
más alta de la Gomera y al Parque Nacional del Garajonay