LA CREACIÓN DEL HOMBRE
En un principio era Achamán, dios poderoso y eterno que se bastaba a sí mismo.
Antes de él sólo había la nada y el vacío, el mar no reflejaba el cielo y la luz
aún carecía de colores. Achamán también se llamaba Abora y también Alcorac. A él
debían su existencia las criaturas, pues creó la tierra y el agua, el fuego y el
aire, y toda la vida que en ellos cabía. Achamán habitaba las alturas y a veces
las cumbres de las montañas para regocijarse contemplando lo que ante su mirada
se avivaba.
Un día se detuvo Achamán en la cima de Echeyde. Desde allí su obra le pareció
más bella y perfecta, como si la descubriese por vez primera, y pensó que debía
compartirla. Entonces decidió hacer a los seres humanos para que también ellos
admirasen lo creado, para que de ellos hicieran uso y para que lo conservasen